¿Por dónde empiezo?
Esa gran pregunta que tanto nos cuesta responder puede que muchas veces sea la responsable de que abandonemos las cosas antes de tiempo.
Es normal que nos abrume. Intuímos que a la vuelta de la esquina existe un universo que nos va a maravillar, pero no sabemos ni cómo asomarnos para echar un primer vistazo.
La fotografía es una expresión de muchos tipos: documental, artística, científica, personal, informativa, etc., y a menudo aparece en nuestra vida por razones concretas.
Seguro que casi todos recordamos cuándo empezamos a hacer fotos y por qué: un viaje, el primer hijo, un autorretrato… Sea cual sea el motivo de nuestro primer disparo, algo nos enganchó al proceso.
Y como todo proceso, aprender fotografía es un transitar hacia delante, un camino de exploración que puede ser muy gratificante y que se irá definiendo con vosotros.
Cuando pasa el tiempo y miramos – no sin algo de nostalgia- hacia nuestras primeras fotos, a menudo nos cuesta reconocernos en ellas.
Seguro que hoy no hubierais fotografiado la misma escena, ni desde el mismo ángulo, ni hubierais editado de tal forma los colores, ni, ni… No sólo aprendemos a dominar la técnica, si no que nuestra forma de mirar también se transformará según pasen los años.
No tengáis prisa, ¡paciencia! Los comienzos pueden dar vértigo pero son oportunidades geniales para disfrutar sin exigencias y para probar, probar y probar.
Para acompañaros y hacelo todo un poco menos desconcertante, os hemos preparado esta completa guía con consejos, conceptos básicos y claves para iniciarse en el mundo de la fotografía.
Aunque desde ya te adelantamos que, como sucede con todo, ¡a fotografiar se aprende haciendo fotos!
EQUIPO PARA EMPEZAR
1. La cámara
Una cámara, la que sea… ¡En serio!
Digital, analógica, réflex, compacta…Lo importante es que incluya modo de disparo manual.
No nos cansaremos de repetir que lo más importante es animarse y arrancar con el equipo que tengamos. Ya habrá tiempo para ir actualizándolo poco a poco según vayamos avanzando.
La cámara va a capturar lo le digáis que capture, pero sois vosotros los que vais a hacer la foto. Se pueden hacer fotones con cámaras para principiantes y otras muy muy malas con verdaderos buques insignia.
Si no tenéis una en casa y estáis en pleno research, nuestro primer consejo es: hay una cámara para cada momento.
No os decantéis por un equipo muy sofisticado y ultra caro de primeras. Vale, no habrá duda de que habréis adquirido algo de mucha calidad… pero será frustrante.
Las cámaras profesionales tienen más prestaciones, más menús, más botones, más peso, más de todo; algo positivo cuando estamos acostumbrados a manejarlas pero que no ayuda en absoluto a la intuición del aprendizaje.
Hay muchísimas opciones en el mercado así que no os preocupéis porque encontraréis la que sea perfecta para vosotros. Algunas preguntas que os podéis hacer para guiar vuestra búsqueda podrían ser:
¿Cuánto dinero estoy dispuesto a gastarme? ¿Quiero que tenga objetivo intercambiable? ¿Haré vídeo también? ¿Tiene que ser un equipo ligero y pequeño o no es fundamental? ¿Voy a hacer sobre todo fotografía nocturna? ¿Necesito que la pantalla sea abatible? ¿Que tenga WiFi? Etc.
Podríamos decir que la clasificación entre la que se encontrará tu próxima cámara es básicamente la siguiente:

Cámaras compactas
Las más sencillas, las de ”apuntar y disparar”.
Son muy ligeras, sus objetivos no son desmontables y aunque las hay de precios dispares, podréis encontrar bastante calidad por menos de 250€.
Probablemente, la mayoría busquéis algo más de cuerpo para vuestros primeros pasos… pero no deberíais descartarlas por completo de entrada ya que las hay con prestaciones que se acercan a las de las réflex:
20 megapíxeles, posibilidad de grabar vídeo en cámara lenta, en 4K, estabilizador de imágen, capacidad para disparar en formato RAW, zooms ópticos muy potentes, sencilla conectividad con el móvil o la tablet, WiFi…
Son cámaras dirigidas a aquellas personas que busquen, ante todo, comodidad y agilidad de movimiento. Os aseguramos que no habrá otra cámara que proporcione tanta libertad como una que quepa en el bolsillo.
Algunas compactas que os recomendamos:


Cámaras bridge
Las cámaras bridge son, como su nombre en inglés indica, aquellas cámaras puente entre una compacta y una réflex… una “compacta avanzada”.
Igual que sucede con las compactas, sus objetivos no son intercambiables pero poseen unas lentes zoom muy potentes (¡mucho!) que cubren una amplísima distancia focal.
Esto las hace idóneas para quienes os queráis embarcar en la fotografía de naturaleza ya que permiten pasar en un momento de un gran angular a un súper tele.
Su cuerpo es más parecido al de una réflex pero los sensores que incluyen son más pequeños. Tampoco tienen visor óptico si no que vienen con uno electrónico.
Recordad que…
Los visores electrónicos nos muestran una imagen que ya ha pasado por el sensor de la cámara, es decir, con los respectivos ajustes de exposición que hayamos seleccionado y, por tanto, tal y como será después de disparar.
En las cámaras réflex, la imagen que vemos es un reflejo del exterior y no el resultado final. En estas cámaras el sensor está “escondido” detrás de un espejo que es el que nos muestra el reflejo de la escena al mirar por el visor (óptico). Cuando presionamos el obturador, este espejo se levanta para dejar que la luz llegue al sensor y se forme la fotografía.
Las bridge nos permiten controlar mucho más las tomas que las compactas, algo imprescindible para interiorizar el triángulo de exposición y saber cómo se comporta la luz.
Entre sus inconvenientes destacaríamos no poder cambiar de objetivo (algo que por otro lado nos ahorrará bastante dinero) y el tamaño del sensor, que repercutirá en la calidad de la imagen.
En definitiva, son cámaras todoterreno, algo desconocidas, y con precios muy interesantes para una primera inversión fotográfica.
Entre las bridge más populares te proponemos:

Cámaras réflex
Probablemente las más conocidas y la clasificación con el mayor número de opciones.
También se las llama DSLR (Digital Single Lens Reflex) porque son como las réflex analógicas de toda la vida, sólo que digitales, es decir, han sustituido la película de 35mm por un sensor.
Son de objetivo intercambiable y funcionan de la siguiente manera:
Los rayos de luz entran por la lente y llegan a un espejo situado a 45º respecto al plano de la imagen. Este espejo desvía los rayos hacia una pantalla translúcida a través de la cual se visualiza y enfoca la imagen.
La luz entonces se refleja de nuevo en un pentaprisma que está sobre la pantalla de enfoque y que sirve para desviar la imagen hacia nosotros. También se ocupa de enderezar la imagen ya que, en un primer momento, el objetivo la proyecta de forma invertida.
Cuando accionamos el disparador, el espejo se levanta y se abre el mecanismo obturador para dejar pasar los rayos de luz directamente hacia el sensor.
El sensor de las cámaras réflex tiene un tamaño generalmente mayor que el de las compactas y las bridge, algo que se traducirá en una mayor calidad de imagen y un mejor comportamiento en condiciones lumínicas de baja intensidad.
Claro que también supondrá incrementar el tamaño y el peso del cuerpo de cámara.
Recordad que…
Los sensores son la parte de la cámara sensible a la luz, un chip compuesto por millones de píxeles que reaccionan capturando la imagen.
Podemos encontrar réflex de gama alta con sensores de formato completo o full frame (que sería el equivalente al tamaño de los carretes de 35mm) aunque lo normal en las de principiantes y gama media es que sean un poco más pequeños: los llamados APS-C.
Como mencionamos hace unas líneas, cuentan con un visor óptico en lugar de electrónico. Esto supone que vemos un reflejo del exterior tal y como lo veríamos sin mirar por el visor, y no el resultado final de la foto.
Desde hace unos años, casi todas traen un modo llamado Live View que nos permitirá suplir esta “carencia” y ver, con ajustes incorporados, nuestra imagen a tiempo real a través de la pantalla LCD.
De entrada podríamos pensar que esto es una desventaja pero, en realidad, nos va a acostumbrar a leer el fotómetro interno de la cámara y a colocar los parámetros correctos para cada situación lumínica. De hecho, muchas fotógrafas lo echamos de menos cuando nos pasamos a una cámara EVIL con visor electrónico.
Además de los modos automático, semiautomáticos y creativos, las cámaras réflex permiten un control absoluto de las variables que intervienen en la formación de la fotografía a través del modo manual.
Variables que también podemos controlar colocando diferentes objetivos según el tipo de escena y resultado que estemos persiguiendo.
Permiten disparar en RAW y en multitud de combinaciones de formatos, el tamaño de los sensores posibilita un mayor rango dinámico de color y menos ruido, son más ergonómicas que las cámaras bridge, graban vídeo en 4K, 5k y unas cámaras lentas de cine…
Podríamos seguir enumerando las bondades de las Réflex un buen rato pero diremos, por no entrar en un soporífero embolado técnico, que sus prestaciones frente a las compactas y las bridge juegan, básicamente, en otra liga.
Afortunadamente, su precio ya no es prohibitivo y es posible encontrar un modelo que se ajuste a nuestro presupuesto.
Eso sí, tened en cuenta que la elección de un objetivo u otro puede encarecer mucho vuestra adquisición.
Como veremos más adelante en este mismo artículo, hay un objetivo idóneo para cada tipo de fotografía.
Lo habitual es empezar con un objetivo zoom que cubra una distancia focal más o menos amplia (un 24-105 mm por ejemplo) e ir especializando nuestras lentes a medida que descubrimos qué nos gusta fotografiar.
De cara a la compra te aconsejamos:

Cámaras EVIL
Las cámaras EVIL o mirrorless están ganando mucha popularidad en poco tiempo. ¡Y no nos extraña!
Sus características fundamentales son que carecen de espejo y pentaprisma, lo que las hace mucho más compactas y ligeras que las Réflex, que tienen objetivos intercambiables y que poseen un visor electrónico (de ahí el nombre de EVIL, acrónimo inglés de Electronic Viewfinder with Interchangeable Lens, es decir, cámaras de “visor electrónico con lentes intercambiables”).
Tienen sensores de mayor tamaño que las Bridge, llegando al Full Frame en su gama alta y hasta al medio formato con la marca Hasselblad.
El visor electrónico supone un mayor gasto de batería e imposibilita tener una visión óptica directa, dos puntos que no juegan a favor de nuestra decisión.
Aunque, por otra parte, carecer de un sistema mecánico de obturación implicará una prolongación de la vida útil de la cámara.
No disponen de tantísima variedad de objetivos como las réflex, pero existe la posibilidad de colocar adaptadores en lentes de DSLR para poder utilizarlos con las EVIL.
En cuanto a los modos de disparo, formatos y resto de prestaciones, se asemejan casi por completo a las Réflex.
Al haber menos catálogo disponible, los precios de las cámaras EVIL y, sobre todo, de los objetivos, son menos asequibles. Estas son algunas mirrrorless que os recomendamos:
Como veis, lo primero que tenemos que hacer al aprender fotografía que es, elegir una cámara, puede resultar agotador.
Leed reseñas e informaos en la medida de lo posible pero, sobre todo, localizad una buena tienda de fotografía en vuestra ciudad a la que podáis ir físicamente y probar las cámaras que os interesen. ¡Dejaos aconsejar por expertos!

2. El objetivo
El objetivo es la pieza del equipo que más determinará las fotos que hagáis.
Al principio no le damos mucha importancia porque estamos demasiado ocupados aprendiendo a exponer correctamente.
Y también porque nuestra experiencia probablemente se límite al que venía con la cámara.
Con los años veréis que vuestros cuerpos de cámara permanecen y los objetivos cambian, por eso es importante que os informéis mucho antes de adquirir una lente nueva y que no escatiméis en ello. A veces, por poco dinero más, tendremos una lente el doble de luminosa.
La longitud focal es la principal característica que usaremos para clasificar los distintos tipos de objetivos. Se mide en milímetros y es la distancia entre la intersección de los rayos de luz dentro del objetivo (centro óptico) y el sensor de la cámara (plano focal).
Dicho de una forma menos engorrosa, la distancia focal es el alcance de nuestro objetivo. Cuanto mayor sea el número de mm, más “zoom” tendrá y podremos llegar a los objetos que más alejados estén de nosotros.
Por el contrario, cuanto menor sea la distancia focal, más lejanos nos parecerá que están los motivos de la escena pero más amplio será el encuadre.
Podemos encontrar objetivos con un rango focal variable (aquellos que tienen “zoom” y pueden pasar si movemos el anillo de de 24mm a 105mm por poner un ejemplo) u objetivos de focal fija (los que sólo cubren una distancia concreta, por ejemplo un 50mm).
Las lentes de estos últimos están más especializadas, pero serán objetivos menos versátiles,
Es importante mencionar que siempre que expresamos una distancia, lo hacemos con la referencia de un sensor full frame y su tamaño (35mm).
El mismo objetivo colocado en una cámara con un sensor más pequeño (un APS-C por ejemplo), nos dará como resultado una imagen con más zoom, como si la distancia focal fuese mayor.
Esto se debe al recorte que se produce por una cosa llamada factor de multiplicación. No entraremos ahora en los detalles técnicos pero te dejamos un ejemplo.:
Un objetivo 50mm de Canon equivaldría a 50mm efectivos si lo colocamos en una cámara full frame, pero en una APS-C, con el factor de multiplicación, que en este caso es de 1.6x, sería el equivalente a 80mm.
La distancia focal está directamente relacionada con el ángulo de visión: Cuanto menor sea nuestra distancia focal, mayor será el ángulo de visión y por tanto, mayor escena abarcaremos.
En la siguiente infografía lo podéis ver claramente:
Y por último, otra característica de los objetivos que será imprescindible considerar frente a una compra será su apertura de diafragma, lo que nos dice cuán luminoso es.
Cuanto mayor sea la apertura de diafragma, más luz dejará pasar y menos profundidad de campo habrá.
Es decir, con un diafragma muy abierto (un f/1.8 por ejemplo) tendremos una foto con menor profundidad de campo (y más desenfoque) que si pusiéramos uno más cerrado (ej. f/5.6).
A modo de recordatorio…
La profundidad de campo es la porción de la imagen en la que percibimos que los objetos tienen un grado aceptable de nitidez; la zona enfocada de la foto.
Y con estos conceptos básicos aclarados, repasemos a grandes rasgos qué tipo de lente nos conviene para cada situación:
Paisajes
Como vimos en este artículo donde profundizamos en la fotografía de paisaje, los objetivos ideales para este tipo de escenas son los angulares, ya que nos interesa capturar cuanto mayor porción de la escena, mejor.
En esta clasificación entrarían todos los objetivos que vayan de los 8mm (ojos de pez o súper angulares) a los 25mm (angulares).
Estas distancias nos darán ángulos de visión que cubren entre los 180º y los 60º, suficiente para fotografiar paisajes de entornos naturales, streetphotography, arquitectura o panorámicas.
Social
Para retratos, eventos, fiestas, bodas, comuniones, etc. intentaremos disparar con los llamados objetivos estándar o de distancia focal “media”. Estas lentes van de los 25mm a los 65mm y cubren ángulos de visión de 60º a 25º.
Sí, hay una gran diferencia entre uno y otro y los resultados serán muy diferentes, por eso para este tipo de fotografía, cambiante, más todoterreno, os recomendamos objetivos zoom que cubran las distancias mencionadas para que podáis solucionar necesidades de todo tipo: desde un retrato con una focal más larga (50mm en adelante) a una foto grupal con un 25mm.
Acción
Siempre que necesitemos estar a una distancia prudencial de nuestro motivo, usaremos distancias focales largas, es decir, los famosos teleobjetivos.
Estas lentes, que irían de los 60mm a los 160mm, nos van a permitir centrar mucho la atención en la escena ya que su ángulo de visión se ha reducido considerablemente: va de los 25º a los 10º.
Son perfectos para fotografiar deportes, desfiles o fauna aunque también proporcionan una estética muy agradable cuando los usamos para retratos.
Aventuras
Por último, si lo que nos interesa es lo que está taaaaan lejos como la luna, tendremos que acudir a los súper teleobjetivos, aquellos cuya distancia focal va de los 160mm a los 600mm cubren ángulos de visión de 10º a 2º.
Vale, la luna sería como lo más extremo… pero estas distancias focales súper largas nos vendrán genial para fotografiar animales salvajes, pájaros, partidos de fútbol, carreras, etc.
MÁS EQUIPO
Elegida la cámara y colocada la lente, ya tendríamos lo necesario para salir a fotografiar el mundo.
Pero todos sabemos que cuanto más equipados vayamos, más preparados estaremos para cualquier eventualidad, aquí os proponemos una lista de imprescindibles con los que deberíais haceros poco.
Trípode
Es un MUST. Puede que no le veais mucha utilidad al principio pero pronto os tiraréis de los pelos cuando queráis estabilizar una imágen.
Es imprescindible para obturaciones lentas, fotografía nocturna, de arquitectura, de producto y muchas situaciones más. Hacednos caso y compraos un trípode bueno, os durará toda la vida.

Parasol y filtros UV
Ojalá no suceda porque duele mucho… pero a veces la cámara se nos cae o le damos algún golpe al llevarla colgada.
Colocar un parasol y/o un filtro protector (UV) en el objetivo nos puede salvar de un susto enorme ya que están diseñados para absorber el impacto y que la lente salga ilesa.
Así que ya sabéis qué es lo primero que deberíais hacer al sacar un objetivo de su caja.

Mochila
Muy necesaria y muy personal. Son caras -como todo en fotografía- pero os permitirán poder transportar vuestro equipo de una forma segura.
Las hay de todos los tipos y tamaños, así que encontraréis la perfecta en un segundo.

Exposímetro o carta gris
El exposímetro de mano es un aparato que sirve para medir la luz que incide sobre el motivo que vamos a fotografiar. Según la información que nos devuelva, ajustaremos los valores de cámara para conseguir una exposición correcta.
Se utilizaba mucho en fotografía analógica ya que el ensayo – error salía más caro. Hoy sigue siendo muy útil, especialmente en sesiones profesionales.
Otra forma de obtener una exposición correcta – y más económica -, sería midiendo con el fotómetro interno de la cámara la luz que refleja una carta gris.

Disparador remoto
Un complemento perfecto para las fotos que vayamos a realizar con trípode.
Tener un disparador remoto en la mochila siempre viene bien: Nos facilitará disparar a cierta distancia si por ejemplo quisiéramos autorretratarnos.
Y, en otras ocasiones, como en fotografía nocturna, su uso será casi imperativo: salvará todas esas tomas en las que la cámara debe permanecer inmovil y, por tanto, no podemos arriesgarnos a moverla presionando el obturador con el dedo.
Muchos fabricantes ya tienen softwares y apps que podemos descargar en el móvil de manera gratuita y que también nos permitirán manejar la cámara a distancia.


CONCEPTOS TÉCNICOS BÁSICOS
La luz y el triángulo de exposición
Es posible hacer una fotografía sin una cámara tal y como la conocemos pero no sin luz. ¡¿Cómo?!
Tal cual. Probad si no a dejar a oscuras alguna habitación de casa, cerradla a cal y canto.
Abrid entonces un único agujerito en la ventana por donde pueda pasar la luz y veréis que en la pared opuesta a la apertura, se reflejan las escenas de la calle.
Eso sí, se proyectan invertidas ya que el agujero funciona como una lente convergente. Felicidades, acabáis de construir una cámara oscura.
Y ya si forráis esa pared con un material fotosensible capaz de registrar la imagen proyectada, tendréis una cámara de fotos gigante.
El sol es nuestra fuente lumínica natural principal y todo lo que vemos, ya sea en el exterior o bañado por alguna fuente lumínica artificial, lo vemos porque refleja luz.
No os vamos a torturar con una clase de física avanzada pero, de manera simplificada, es importante saber que la luz visible es la parte del espectro electromagnético que el ojo humano puede percibir y que, dependiendo de las longitudes de onda que los cuerpos reflecten, veremos un color u otro.
En fotografía, que es lo que aquí nos atañe, las tres variables a través de las que controlaremos la luz son: ISO, diafragma y velocidad de obturación, lo que llamamos el triángulo de exposición:
- ISO: Es la sensibilidad de los sensores en digital o de las películas fotográficas si hablamos de analógico. Cuanto más alto sea el ISO, más luz captará el sensor pero más ruido aparecerá en nuestras imágenes (el equivalente al “grano” analógico).
- Apertura de diafragma: Como vimos un poco más arriba, el diafragma es un dispositivo que regula la cantidad de luz que entra a la cámara a través del objetivo. Se cuenta por “pasos” y su número se expresa con la letra f/. (Os vendrá bien memorizar que cuanto mayor sea la apertura de diafragma, menor será el nº f/).El diafragma funciona de la siguiente manera: cuanto más abierto esté, más luz dejará pasar hacia el sensor y menor será la profundidad de campo.Dicho de otra forma, cuanto más pequeño sea nuestro nº f/, menos área de la imagen estará enfocada.
- Velocidad de obturación: Es la velocidad de disparo, la porción de tiempo en la que el obturador de la cámara permanece abierto dejando pasar luz hacia el sensor.Se expresa en porciones de segundo y de ella dependerá que congelemos o no el movimiento.
Para exponer correctamente tenemos que saber orquestar estas tres variables, así que practicad… practicad mucho. Controlar el triángulo de exposición significa controlar la fotografía.
Para saber si estáis exponiendo correctamente, podéis apoyaros en el fotómetro interno de la cámara.
Este es un medidor de luz reflejada que nos proporciona una guía en la que 0 corresponde a una buena exposición, los valores negativos a una subexposición y los positivos nos advierten que la imagen estaría sobreexpuesta.
Este fotómetro arroja un resultado u otro dependiendo del lugar en el que estemos enfocando y del tipo de medición que hayamos seleccionado, entre los que podemos elegir:
- Medición de luz matricial o evaluativa: establece un rango de luminosidad similar.
- Medición ponderada al centro: el 75% de la medición prioriza la zona central frente al resto.
- Medición puntual: escogemos el punto exacto de la escena que nos interesa exponer correctamente.
Como acabamos de explicar brevemente, no todos los objetos o escenas reflejan la misma cantidad de luz, pero sobre todos, sí incidirá la misma siempre que estén en una condición lumínica similar.
Por lo tanto, para obtener una medición más fiable, en lugar del fotómetro de nuestra cámara (que mide la luz reflejada), deberíamos utilizar un exposímetro de mano, que mide la luz incidente.
Otra manera de comprobar si la imágen está bien expuesta, sería a través del histograma, un gráfico que representa la información lumínica de la foto donde podremos ver si las altas luces y las sombras están dentro de los valores pertinentes.

Temperatura de color y balance de blancos
La temperatura de color es otra variable a tener en cuenta a la hora de hacer fotos.
Seguro que alguna vez, bien probando o bien por error, habéis ajustado una temperatura de color que os ha dado como resultado imágenes super anaranjadas o todo lo contrario, teñidas de azul.
Pues bien, esto sucede porque las diferentes fuentes lumínicas tienen tonalidades (colores) diferentes. No lo percibimos a simple vista, ya que el perfecto mecanismo que son nuestros ojos y cerebro, lo está corrigiendo constantemente.
La temperatura de color se expresa en Kelvin y toda luz que esté entre los 5500k y 6000k la consideraremos “luz día”.
De hecho, se ha establecido que el estándar para la luz blanca bajo la cual los colores son “reales” sea 5500k.
Cuanto más bajo sea el valor de K, más cálidas (naranjas) serán las imágenes y cuanto más alto, más frías (o azules).
Para corregir estas variaciones, el software de nuestra cámara cuenta con el balance de blancos, un ajuste con el que se equilibra la temperatura de color sin mostrar las dominantes.
Lo más preciso será siempre realizar un balance de blancos manual, pero si no podemos, la cámara cuenta con varios modos preestablecidos además del automático: interiores o tungsteno, sol, sombra o nublado, fluorescente…

Los formatos fotográficos
Los dos formatos fotográficos que debemos conocer son: JPEG y RAW
JPEG
El formato por excelencia de las imágenes. Seguramente os suene por haberlo visto miles de veces en el ordenador ya que es el más extendido desde que se popularizó internet.
Cuando nuestras cámaras disparan en JPEG, aplican a la imagen una serie de ajustes de nitidez, contraste, saturación, etc.
Esto es una ventaja en cuanto que nos permite hacer disparos más rápidos y porque la imagen sale “lista” de la cámara. Es decir, no necesitaría procesado posterior, y podríamos visualizarla en cualquier dispositivo o plataforma.
La parte negativa es que comprimen la información de la toma y por eso son archivos infinitamente menos pesados que los RAW. Se produce una pérdida de calidad que además irá aumentando a medida que implementemos retoques en programas de edición.
RAW
Es un archivo en “crudo” (RAW en inglés), un negativo digital que captura toda la información lumínica de la escena sin comprimirla.
La palabra hace referencia a lo que caracteriza estos archivos pero en realidad cada fabricante usa su propio formato RAW: CRW (Canon), RAF (Fuji), ARW (Sony), NEF (Nikon), ORF (Olympus)…
Como no realizan compresión, podremos implementar los ajustes que consideremos en postproducción sin que se produzca una pérdida de calidad.
Algo que se vuelve en nuestra contra si tenemos en cuenta que no podremos visualizar las imágenes en cualquier programa… tendremos que procesarlas primero.
El coste de tener todas las variables de la toma será el tamaño de los archivos, muy muy superior al de las imágenes en JPEG.

Composición
La composición es un elemento clave para conseguir buenas tomas.
Podemos decir que consiste, a grandes rasgos, en armonizar el espacio y ordenar los elementos del plano de manera que el resultado sea una imagen con fuerza y con capacidad para interesar y guiar la mirada del espectador.
Como la forma en la que leemos las imágenes se parece, existen reglas comunes de composición. Algunas de ellas serían:

El centro de interés
¿Cuál es el motivo de la foto? ¿Qué estamos fotografiando exactamente? Responder estas preguntas y tener claro el motivo principal de nuestra escena es imprescindible para componer correctamente.
Ojo que esto no significa que tengamos que colocarlo en el centro de la composición ni que tenga que ocupar la mayor parte de la escena.
La ley de la mirada
Es una regla que se aplica a los retratos y que básicamente nos dice dónde tenemos que dejar aire para equilibrar nuestra imagen y que respire.
Observad hacia dónde mira la persona que estamos retratando y dadle espacio por ahí.
Esta regla, como todas, se puede romper con una intención. Si dejáramos aire en el sitio contrario a la mirada, la sensación que nos trasmitirá sería de agobio o enclaustramiento.
La regla de los tercios
Nos da información acerca de dónde colocar los puntos de interés en una composición.
Si dividimos la escena simétricamente en nueve rectángulos con dos líneas horizontales y dos verticales (como si fuese un tablero de 3 en raya), los cuatro puntos en los que intersectan las líneas serían los lugares ideales para colocar los elementos más importantes de la imagen.
La mayoría de las cámaras digitales cuentan con una función que muestra estas guías en la pantalla LCD. Esto nos ayudará a visualizar la toma.
Líneas maestras
Identificad aquellas “líneas principales” de la escena. Apoyaos en los puntos de fuga, en las curvas, diagonales, perspectivas y en todas las líneas que dirijan la mirada hacia puntos concretos.
Esto le otorga dinamismo y movimiento a la fotografía al tiempo que le proporcionáis al espectador la valiosa información de hacia dónde tiene que mirar.
Ritmo y repeticiones
¿Hay elementos que se repiten en la escena? ¿Patrones? Probad a capturar el conjunto. Esto le dará fuerza a la imagen, dirección de lectura y una sensación de colectividad, de ser parte de algo.
Por ejemplo: un campo de flores, una bandada de pájaros, un desfile…
Punto de vista
Poneos creativos y no temáis a cambiar el punto de vista. Esta decisión puede ser lo que diferencie una foto “correcta” a la par que aburrida, de un fotón súper original.
Cambiando el punto desde el que fotografiamos, le estamos confiriendo conscientemente un estatus u otro a la escena o personaje. Por ejemplo: Un retrato desde abajo dignifica y empodera a la persona mientras que uno más cenital, la empequeñece.
El horizonte
Tenemos que evitar colocar la línea del horizonte en mitad de la composición. Es decir, no la pongáis de tal manera que divida la foto en dos mitades simétricas.
Hay excepciones en las que este recurso podría enriquecer la imagen: por ejemplo, si fotografiamos un paisaje que se refleja en el agua… pero, por norma general, no quedará bien.
Explorad los elementos de ambas partes para ver a qué preferís darle prioridad y conferirle dos tercios del espacio en lugar de mitad y mitad
Espacio negativo
Perded el miedo al espacio vacío. A veces no hace falta rellenar todo el encuadre de elementos si no que es suficiente con la fuerza e información que aportan unos pocos motivos.
Los grupos de tres
El 3, por alguna razón, es un número que representado gráficamente funciona muy bien.
Tiene un algo mágico que armoniza las composiciones agrupando sin agobiar pero huyendo de la excesiva simetría de las parejas.
Jugad con los grupos de tres, romped el ritmo, cread profundidad…
¿Qué fotografío?
Observad vuestro entorno, vuestra familia, vuestra ciudad, vuestra calle. La fotografía de proximidad nos puede aportar mucho más de lo que pensamos.
Empeñarse en escenarios grandiosos muchas veces se traduce en no salir a hacer fotos… así que, haciendo un ejercicio de creatividad, mirad a vuestro alrededor y pensad cómo hacer grandes, pequeñas historias.
Si lo que os interesa es la fotografía de retrato, pedidle a la gente que tengáis cerca que pose para vosotros.
Intentad, por ejemplo, crear una serie de retratos con el mismo fondo o algún elemento común que las identifique como parte de un conjunto.
O aprovechad las fiestas y celebraciones para iniciaros como fotógrafos sociales… ¡Son una figura importantísima! Pensad que si tenemos álbumes de la infancia es porque alguien llevaba una cámara.
También podéis practicar con la fotografía de producto haciendo bodegones con lo que haya por casa como os proponíamos en este artículo, o explorar la fotografía gastronómica con vuestras creaciones culinarias (triunfaréis en Instagram).
¿Quiénes son vuestros vecinos? ¿Cómo funciona el barrio? Un buen ejercicio de reporterismo consiste en retratar la vida y las dinámicas de la gente que tenemos más cerca. ¿Podríais contar una historia con 15 fotos?
¿Qué elementos estéticos identifican vuestro barrio? Podéis tantear la fotografía de arquitectura capturando los edificios de las calles en las que vivís.
Y luego volved a recorrer el barrio de noche con obturaciones lentas para comprobar cómo se llena de luz. No siempre hace falta cazar auroras boreales en el Ártico para ser un buen fotógrafo nocturno.
En definitiva, hay multitud de escenas que podríais retratar a tan sólo un click de vosotros.

Más consejos para aprender fotografía
Cursos y workshops
No dejéis nunca de estudiar ni de interesaros por las últimas novedades.
Si habéis decidido hacer la carrera de fotografía, buscad y comparad los planes de estudio de las diferentes escuelas hasta que deis con el que más os interesa.
Son decisiones a meditar ya que abarcarán entre 2 y 4 años de vuestra vida y suelen suponer grandes inversiones.
Por eso, tomaos vuestro tiempo en explorar los programas, en saber quiénes son los profesores, si son fotógrafos en activo, si ofrecen formación online, visitad las instalaciones y, si tenéis la oportunidad, hablad con gente que haya pasado por el centro en cuestión.
La experiencia de la gente es importantísima. En ocasiones nos lanzamos de cabeza a por aquello que más «prestigio» tiene en el imaginario colectivo y luego nos llevamos una decepción.
Fijaos en las reseñas de Internet. La mejor escuela no es la más cara, sino la que más aplauden los usuarios.
Otras opciones para los que no deseéis una carrera tan larga serían los talleres y charlas (que también son un complemento fundamental a las formaciones universitarias).
Aquí la variedad es infinita: hay workshops para todos los niveles, sobre cualquier aspecto relacionado con la fotografía y con diferentes duraciones.
Sea con talleres o de forma autodidacta a través de Internet, aseguraos de aprender la técnica.
Saber cómo funciona la luz y cómo funciona vuestro equipo os dará libertad absoluta para elegir el tipo de fotos que queréis hacer.
Seguro que habéis oído alguna vez máximas como: “lo único importante es el ojo”, o “es tan creativo que no le hace falta saber manejar la cámara”, o “dispara en automático porque es un artista”…. NO lo compréis.
En serio, el conocimiento os hará libres porque podréis decidir.
Tener ojo es importante y no tiene nada de malo usar el modo automático de la cámara con una intención artística… pero si no habéis interiorizado los conceptos básicos, vuestras fotos serán fruto del azar y de los ingenieros que hayan diseñado la cámara.
Y por supuesto, no seréis capaces de resolver los contratiempos que puedan surgir en una sesión (algo que no os podéis permitir si por ejemplo estáis asistiendo a un fotógrafo y os van a pagar por ello).
Una vez que hayáis cumplido con este ejercicio, buscad charlas de profesionales. Y no descartéis a los maestros: se mueven mucho y pillarlos dando una ponencia en vuestra ciudad es más sencillo de lo que os imagináis.
Ni Cristina de Middel ni Javier Vallhornrat os van a hablar del diafragma, pero os transmitirán un aprendizaje valiosísimo. De verdad, a veces unas horas escuchando a los grandes nos aporta más que dos meses de taller.

Exponerse
Compartid vuestro trabajo. Por mucho que sepáis, las fotos siempre estarán atravesadas por un componente subjetivo; son pedacitos de una misma y por eso es tan complicado analizarlas desde dentro.
Exponerse y abrirse a la crítica es todo un reto, pero un ejercicio genial para contemplar nuestras imágenes sin los sentimientos que, inevitablemente, nos generan.
Muchas veces, cuando editamos un trabajo y estamos decidiendo qué fotos entran al conjunto y cuáles se quedan fuera, nos obsesionamos en meter una en concreto aunque nos digan que no aporta nada a la narración.
Esto sucede por el apego. Esa foto nos devuelve un recuerdo preciso del momento en el que la hicimos, con los sentimientos que ello despierta. O simplemente es un fotón del que no nos queremos desprender…
Contar con editores ajenos a nuestra experiencia personal es un lujo y una forma de asegurarnos de que nuestra serie será inteligible.
Además, el feedback positivo o cariñoso de nuestra familia y amigos siempre es un subidón.
¡Hasta aquí esta guía! Esperamos que os haya servido para desencapotar algún concepto y que a partir de ahora os animéis a dar vuestros primeros pasos en el mundo fascinante de la fotografía.
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